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jueves, 6 de noviembre de 2008

Un partido de todos los vecinos

Desde el año 1996 existen en la ciudad de Buenos Aires unidades de gobierno barriales, más conocidas bajo el nombre de “comunas”. En ese momento fueron creadas por la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires con el propósito de descentralizar el poder del Estado porteño y transferirlo a los vecinos de cada barrio.

Recién en el año 2005 se sancionó la “Ley de Comunas” que pretendía definir el funcionamiento, organización y competencias de las mismas. Ese año se conformó el mapa de unas 15 comunas y además se estableció convocar a elecciones de representantes comunales antes de fines de 2006. Sucede que por diversos intereses políticos y trabas burocráticas se fueron retrasando las esperadas elecciones de autoridades de Junta Comunal. Luego de idas y venidas se decidió que se realicen en agosto del 2008. Estamos en el mes de noviembre y las elecciones nunca se concretaron.

En medio de toda esta confusión, falta de datos y retrasos, un grupo de vecinos se reunió para conformar el Primer Partido Vecinal de la ciudad de Buenos Aires que se presentará cuando se realicen las elecciones en las Comunas.
La propuesta del gobierno es realizar el sufragio en el año 2009. Pero teniendo en cuenta estos antecedentes los vecinos están muy preocupados.

El presidente de la Junta promotora del partido, el Ingeniero Juan Carlos Dima, señala que unos de los objetivos de esta iniciativa es que “los políticos tradicionales no secuestren los espacios que son constitucionalmente dados para los vecinos”.

El partido vecinal agrupa a vecinos, asambleas, clubes barriales que bregan por aumentar la participación ciudadana y para generar un instrumento legal que permita a los vecinos ser electos para las Juntas Comunales.

Juan Carlos relata que las comunas tendrán presupuesto propio, funciones específicas como la actuación sobre el espacio público, la administración del patrimonio cultural y la posibilidad de presentar proyectos en la Legislatura.

A decir verdad, la propuesta de las comunas resulta muy atractiva para los que realmente quieren aportar y decidir sobre cuestiones de cada barrio. Y más alentadora es la iniciativa de este grupo de vecinos que propone “romper con el prejuicio de la palabra partido”. Juan Carlos lo diferencia del resto de los partidos nacionales: “Su rasgo diferenciador es que limita su acción al distrito en que se conforma”.

Los vecinos cada vez están más indefensos ante las decisiones que toman los políticos locales, por ello, “la solución -dice Juan Carlos- es convocar a todo aquel que quiera participar e invitarlo a formar parte del primer Partido Vecinal”.

Para más información: www.decomunacuerdo.com.ar contacto@decomunacuerdo.com.ar

jueves, 9 de octubre de 2008

La crisis habitacional, ¿a dónde iremos a parar?

¡Oh Barrio! Que me has visto nacer
y por tus calles correr.
Todavía siento la fragancia
que emanas al amanecer.

¡Oh!, (a otro Barrio) tu fisonomía cambia
pero tu esencia va más allá
dobla en la esquina
y se toma el 4 ramal “A”.

¡Oh!, (a otro Barrio) siempre pienso en ti
me he ido una, dos veces, mil.
pero nunca he olvidado
lo que has sido para mí.

¡Oh!, (a otro Barrio) ¿Qué voy a hacer?
A fin de mes termina el contrato de alquiler,
me vuelvo a mover;
otra vez te tengo que conocer.

¡Oh!, (a otro Barrio) Ya ni sé cómo te llamas
de tantas veces que me tuve que mudar
la tierra se negocia
no tengo donde un hogar asentar.

¡Oh!, (a otro Barrio) Ya nada es como antes
somos deambulantes.
dando vueltas por la ciudad
buscando un lugar donde parar.

De Almagro me fui en Caballito,
y a San Telmo le recé por mi Retiro
Once Flores llevé a la Recoleta
y sólo por esta no las llevé a Floresta.



Me cambio de barrio como de calzón

David Levy


El poema de David es síntoma de la cruel realidad del problema habitacional que acecha la ciudad. En Buenos Aires alrededor de 500 mil personas tienen serios problemas con respecto a este tema.

Pero la pérdida de la relación con el barrio es casi banal cuando 150 mil habitantes de la ciudad viven en villas miseria, 200 mil en casas ocupadas, 150 mil residen en conventillos, inquilinatos, hoteles y pensiones y más de tres mil se encuentran en situación de calle, según el Censo Nacional de Población que el INDEC realizó en el año 2001.

La época en la que las familias se asentaban en un lugar, con su casa propia, ha quedado en el recuerdo de algún viejo que no lo invadió el Alzheimer.

Por suerte el gobierno ha tomado cartas en el asunto. El Instituto de la Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires planeó la construcción de 25 mil casas, las cuales debían realizarse a partir del año 2002 y estar listas para el 2006.

Agarremos la calculadora: si sumamos las 150 mil personas que residen en las villas, las 150 mil que viven en conventillos y hoteles, las 200 mil que están en casas ocupadas y las tres mil que viven en la calle, nos da como resultado: 503 mil personas. Para 25 mil casas son alrededor de 20 personas por casa. ¡Cuánto calor humano!

No es necesario ser jefe de cátedra de análisis matemático para notar que la política de la ciudad de Buenos Aires en relación a la tan nombrada situación habitacional deficitaria es un tanto deficitaria. Claro, sin nombrar que tales viviendas nunca fueron construidas.

Pero, ¿no estamos en pleno boom inmobiliario? ¿No es acaso este el mejor momento del sector de la construcción? Si miles y miles no tienen casa propia y estamos en un acelerado proceso de construcción, el problema debería resolverse en poco tiempo. No, nada es tan sencillo como parece.

Esas construcciones no están destinadas a mejorar las condiciones habitacionales de estas 500 mil personas. Están, contrariamente a lo que se podría pensar, ocasionando su expulsión. Es decir, que la furia por desalojar tiene como punta de lanza al propio Estado en su carácter de propietario. ¿Tendrá algo que ver con la intención vender esos predios fiscales y terrenos públicos?

Por otro lado, el Instituto de la Vivienda de la Ciudad no sólo se propuso la construcción de hogares que nunca se construyeron, sino que fue por más. Puso en marcha el funcionamiento de diferentes programas para la construcción y refacción de hogares, más el financiamiento para la compra de viviendas; pero el uso real de estos créditos se contradice con sus fines. Ante el interés por deshabitar las casas y hoteles ocupados, evitando la vía judicial para acelerar los negocios inmobiliarios, estos planes hacen las veces de incentivo para estimular a las familias a que abandonen pacíficamente las viviendas.

Ahora bien, cuando nada de esto funciona, existe un último recurso. Las familias que finalmente el gobierno desaloja de estas casas tomadas son enviadas, por el mismo gobierno, a alguno de los casi 70 hoteles contratados por él en la ciudad. Paga, para esto, entre 4 y 5 pesos por persona. En esas condiciones hay aproximadamente setenta mil personas. Reorientar esos fondos hacia soluciones habitacionales perdurables, no parece ser por ahora la intención.

Un espacio para todos

Los espacios verdes públicos de la ciudad siempre han sido un tema de conflicto.
Algunos gobiernos han hecho hincapié en la reconstrucción de las plazas. Es el caso del gobierno de Jorge Telerman, que durante su campaña se encargó del arreglo y decoración de muchos espacios verdes. Pero sólo fue eso: una “lavada de cara” efectuada en momentos decisivos de su gestión. Una vez finalizadas las elecciones, los gobiernos terminan haciendo oídos sordos a los reclamos de los vecinos.

Estos reclamos se vienen escuchando desde 1993, cuando se fundó la Asamblea Permanente por los Espacios Verdes Urbanos (APEVU). En agosto de ese año se realizaron las Primeras Jornadas por los Espacios Verdes Urbanos-Ciudad de Buenos Aires y alrededores. En ese momento se adhirieron unas 30 entidades vecinales de Capital y Gran Buenos Aires.

El arquitecto Osvaldo Guerrica Echevarría, presidente de la Asociación Amigos del Lago de Palermo y representante de APEVU, señala que desde entonces han realizado diversos encuentros y convocatorias. “Hicimos Las jornadas por los Espacios verdes, después tres Congresos Ambientales (en 1997, 1998 y 1999) y los Encuentros en defensa de las Tierras Públicas”. Explica que la asamblea brega por varios aspectos: la creación, el recupero y la protección de espacios verdes. “Entre el año 1995 y el 2005 se han logrado 60 hectáreas de nuevos espacios verdes, generados por las distintas asociaciones vecinales”. Sin embargo, el arquitecto afirma que “las asociaciones desaparecen ante la inauguración que hacen los intendentes o jefes de Gobierno. En realidad sólo van a cortar la cinta. Antes de esto, hubo cinco o diez años de lucha de una asociación vecinal”.

Uno de los últimos logros de APEVU fue la recuperación de 10 hectáreas del Parque Tres de Febrero que estaban invadidas ilegalmente por clubes y varias concesionarias, y todavía falta recuperar otras 30 hectáreas. Guerrica asegura que “el club de Gimnasia y Esgrima, tradicional pirata e invasor de espacios verdes, quiere hacer un estadio para 12 mil personas en un área de protección histórica. El presidente del club es amigo de Macri”. Y agrega que “el gobierno actual de la ciudad es un desastre, no hay con quien hablar. Se han acentuado los problemas de antes”.

El presidente de la Asociación Amigos del Lago de Palermo apunta con más dureza al decir que “el propósito no es solucionar los temas, ni generar espacios verdes, el propósito es hacer negocios. El ministro de Ambiente y Espacio Público, Juan Pablo Piccardo, es un ex presidente de Isenbeck que lo echaron de la empresa por malversación de fondos”.

Por último, Guerrica Echevarría asegura que, a pesar de los obstáculos, su lucha es continua y que por eso están organizando para fines de noviembre, junto con otras redes, una convocatoria llamada “Queremos Buenos Aires”. Un espacio que no sólo atenderá a los espacios verdes sino que se preocupará de la Emergencia urbana, ambiental, social y patrimonial del Área Metropolitana Buenos Aires.

Para más información: http://www.apevu.blogspot.com/

jueves, 11 de septiembre de 2008

Por la vocación de barrio


¿Dónde está el sol? ¿Dónde fue a parar nuestra intimidad? ¿Por qué ya no nos respetan? Estas son sólo algunas de las preguntas que los vecinos de Ramos Mejía aún no pueden responder.
Desde hace cuatro años, la construcción indiscriminada de viviendas llevó al colapso de la red de servicios. Además, el aumento del tránsito vehicular y la alta contaminación visual alteraron fuertemente la vocación de barrio, su identidad.

Los gigantes de cemento no sólo quitan todo tipo de intimidad y cada uno de los rayos del sol, sino que también devalúan las viviendas y hacen escasear los servicios. “En Ramos Mejía las cloacas se hicieron en 1960, en ese momento había 80.000 personas ahora somos 220.000 y son las mismas cloacas. Pese a que todavía la mayoría de los edificios están sin habitar, ya notamos poca presión de agua y gas, bajas de tensión eléctrica, desbordes en las conexiones de cloaca e inundaciones”, manifiesta Miguel Presa, vecino de Ramos y máximo exponente de la organización “Vecinos Autoconvocados de Urquiza y Espora”. Miguel también es víctima de la fiebre edilicia que cercó su domicilio, convirtiéndolo en un prisionero.

Este vecino, que además es músico y mago, tuvo que convertirse también en abogado para poder defender su causa. Sin dudas, a Miguel le encantaría hacer magia para que quiten el edificio que plantaron al lado de su casa, “pero esto no se arregla con magia, es más simple: cumplir con las leyes”, explica Miguel. “La ley de suelo dice que el Factor de Ocupación del Suelo (F.O.S) no puede superar el 60 % del suelo, yo no soy un justiciero, digo lo que dice la ley”.

En aproximadamente 90 días debe darse a conocer el nuevo código de planeamiento urbano anunciado por el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, que entre sus propuestas busca transformar la zona en unifamiliar y limitar la altura de las torres que se estén por construir. Esta normativa que frenaría la construcción desorbitada de edificios termina por reconocer la ilegalidad que esta padeciendo Ramos en materia edilicia. Sin embargo, esto no soluciona el reclamo original de los vecinos de Ramos Mejía quienes siguen padeciendo la presencia de los gigantes. “Estoy de acuerdo con que se limite toda esta situación, pero al lado de mi casa sigue estando el edificio ilegal”, asegura Miguel. “Las autoridades de la municipalidad afirman que nunca se demolieron edificios en Ramos y yo les respondo que los vecinos tampoco nunca los pedimos”.

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